—¿Ya lo has pensado? —no pudo evitar preguntarle a Diego—. ¿No te da vergüenza?
—¿Vergüenza? —Diego le respondió—. ¿Y tú crees que Joaquín siente vergüenza?
—No. —Vicente reflexionó un momento y luego sacudió la cabeza.
—Yo también creo que no.
—La capacidad de Joaquín es innegable. Aunque trate a las mujeres con humildad, nadie dudaría de su habilidad. —Vicente comentó.
—No lo había pensado de esa manera. —Diego dijo—. Solo me parece que, siendo una buena amiga de Ire, y su novio tratándola tan