—¡Detente! —Emilia la llamó—. ¿No has visto a tu padre? ¿A dónde crees que vas? ¿De verdad piensas que tus padres están muertos?
—Mamá, no te enojes. Mi hermana acaba de llegar, seguramente está cansada del viaje. ¿Por qué no la llevo a descansar primero? —intervino Sofía.
—¿No se supone que ibas a arreglar la habitación? —Irene la miró—. ¿Por qué no lo haces?
—¿Estás intentando molestarme? ¡Mira lo comprensiva que es Sofi! Y tú... ¿cómo pude haber tenido una hija así? —Emilia, furiosa, casi lan