—No necesito tu regalo. —Julio soltó un leve resoplido.
—Entonces no te lo daré. —dijo Irene, golpeando suavemente la superficie del agua con la ramita que tenía en la mano.
—¡Lo haces a propósito para enojarme! —Julio volvió a resoplar—. ¿Dónde voy a encontrar a una amiga de la infancia tan buena como tú?
—Está bien, está bien, no te enojes más. —Irene reprimió una sonrisa—. Ya es otoño, las temperaturas están bajando, cuídate.
Julio, preocupado por ella, le dio algunas recomendaciones más ante