Entonces, los pétalos cayeron en cascada, cubriendo a Diego e Irene. Al ver a los recién llegados, el rostro de Lola se oscureció.
—¿Qué haces aquí?
Irene había venido a vengarse; Pablo le había hecho pasar muchas penas en el pasado. Al ver a Lola, no pudo ocultar su desagrado.
—Es extraño, en el cumpleaños de Diego, cualquier persona puede venir, ¿y yo, su esposa legítima, no? —dijo.
Lola, a quien se le había llamado “persona ajena”, se puso aún más seria. Sus ojos se llenaron de lágrimas mient