—Es inútil. Ahora, todos los soldados y ejércitos ya no te deben lealtad, ni a ti ni al rey Erick.
La lealtad ha sido, desde los tiempos de Pandora, hacia quien porta la corona. Y esa persona soy yo.
—¡Tú no perteneces a la familia real! No puedo creer que hayan permitido esto. ¡No eres nuestra hija! —gritó la exreina, con el último recurso que le quedaba: el desprecio.
Todos se quedaron en silencio.
Pero yo ya esperaba ese argumento.
—Es cierto. No soy su hija, pero eso no significa que no per