El aire se volvió pesado en cuanto salimos todos de la sala. Me quedé sola con él. Estaba nerviosa, con las palabras atragantadas en la garganta. Desde mi exilio, nuestras conversaciones solo han sido campo de batalla.
― ¿Tú sabías que Kaleb estaba vivo? ― pregunté al fin, sin rodeos.
― No estuve seguro hasta el día que atacó a nuestras fuerzas en la barrera ― respondió. No esperaba que me contestara, y su voz… por un momento sonó como la de mi padre. Como antes.
― ¿Fue entonces cuando peleó con