De allí, una luz cálida comienza a emanar. Lentamente, la oscuridad que me rodea se disipa.
Y entonces… aparecen.
Mi infancia con Alena.
Los juegos en los jardines del palacio con Kaleb.
Mi madre arropándome en las noches.
Mi padre contándome historias antes de dormir.
Todo está allí. Todo había estado… oculto.
Siento un nudo en la garganta.
― Querida princesa… si dejas que el odio te domine, lo perderás todo. No solo lo que ya perdiste. También lo que aún tienes.
― ¿Pero cómo lucho contra el od