Intenté mantener la calma, pero en cuanto vieron que tenía el arma, todo se volvió incontrolable.
El hombre que estaba más cerca de mí reaccionó primero.
No dudó. Se lanzó hacia mí con una furia brutal, como un animal herido dispuesto a todo con tal de sobrevivir. Sus pasos fueron rápidos, pesados, y en sus ojos no había miedo… solo violencia.
No pensé. No tuve tiempo.
Disparé.
El estruendo del arma explotó en la habitación, ensordecedor, haciéndome vibrar por dentro. El retroceso me sacudió los