A la mañana siguiente, el sol apenas se asomaba cuando Amelia despertó. Un instinto, una mezcla de esperanza y costumbre, la llevó a esperar encontrar a Maximilian en en algún lugar de la casa. Sin embargo, solo encontró su ausencia. Una sensación de extrañeza, un eco lejano de preocupaciones pasadas, comenzó a instalarse en su pecho. Rápidamente, intentó desecharla.
—Seguro tuvo prisa —murmuró para sí misma, intentando convencerse.
Pero el patrón se repitió. Los días siguientes, Maximilian seg