Leonard suspiró mientras la puerta se cerraba detrás de él. El eco del silencio en la casa le confirmó lo que ya sospechaba.
—Camila, ¿dónde estás? Se suponía que ibas a estar aquí— murmuró, dejando caer las llaves sobre la mesa. Se quedó de pie en medio de la sala, mirando la penumbra.
—Supongo que sigue enojada, la discusión fue fuerte.
Caminó lentamente hacia la cocina, la nevera zumbando en la quietud. Se sirvió un vaso de agua, pero su mente no estaba en eso.
—¿Debería llamarla?— pensó