Delia estaba sentada en un banco del parque, con el celular en la mano y un gesto de frustración que no podía ocultar.
Había intentado contactar a Natalia todo el día anterior, pero no había obtenido respuesta. Ahora, con la batería del teléfono casi agotada, sentía cómo la desesperación comenzaba a apoderarse de ella.
—¡Vamos, enciéndete! —murmuró mientras presionaba el botón de encendido por enésima vez.
Nada. El pequeño círculo de carga parpadeó una última vez antes de desaparecer, dejá