El aire en la sala de espera estaba cargado de tensión, como si cada suspiro llevara consigo un peso invisible.
Natalia abrió mucho los ojos ante las palabras del doctor Ramos. Una punzada aguda atravesó su pecho, y sintió cómo la mirada de Keiden se clavaba en ella con una intensidad extraña, casi indescifrable.
¿Era decepción? ¿Preocupación? Natalia tragó saliva, intentando recomponerse.
—¿Simón… ha despertado? —preguntó con un hilo de voz, rompiendo el incómodo silencio que se había form