Natalia apretó los labios mientras la mirada inquisitiva de Astrid parecía atravesarla.
La insistencia en sus ojos y la postura tensa de sus hombros eran imposibles de ignorar. En su mente, una avalancha de recuerdos se desbordaba sin control.
Tenía once años cuando su padre, Roberto, le dijo que su madre, Graciela, estaba teniendo problemas de salud. El anuncio había sido breve, como la mayoría de sus conversaciones familiares, y la dejó con más preguntas que respuestas.
Lo único que sabía