Scott estaba en la biblioteca de su madre, mirándola con ojos severos, Diana le miraba intrigada, odiaba que su hijo la tratara de forma tan fría, pero no hallaba la forma de que volvieran a ser los mismo de antes
—¿Por qué has tenido que darle ese diario a Valentina? ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué no antes? —reclamó él enojado
—Como siempre, de todo me culparás, ¿Cierto?
—Quisiera creer en ti, Diana, creer que eres buena, que lo haces por algo bueno, pero, yo a ti ya no te creo nada, sé bie