El día en que Sofía Morgan se enteró de su embarazo, entró en pánico. Literalmente, su corazón comenzó a palpitar de una manera acelerada, al tiempo en que la sudoración de su cuerpo aumentaba, al igual que los espasmos.
Se dejó caer en la silla de su escritorio, reparando su entorno. Llevaba tan solo dos meses ocupando ese puesto, un puesto por el que se habían quemado las pestañas prácticamente desde que aprendió a balbucear y caminar.
Sus padres habían sido muy exigentes con respecto a su