—¿No confías en mí? —se mostró ofendida ante la acusación.
—Lo que escuchaste —le confirmó Nicolás.
El rostro de la mujer se contorsionó por el "dolor" y la "traición" que le provocaban aquellas palabras.
—¿Cómo puedes decir que no confías en mí? —soltó con los ojos llenos de lágrimas—. ¿En la persona que ha estado a tu lado siempre? ¡La que te salvó! ¡La que te cuidó! —su cuerpo temblaba.
Sin embargo, el hombre no se inmutó. La resaca le había despejado la mente de una manera impresionante,