Cuando Regina abrió los ojos esa mañana, luego de la discusión que había mantenido con Nicolás la noche anterior, se encontró con el hombre sentado al borde de la cama.
—¿Cuándo…?
Cuando llegaste, había querido preguntarle, pero las palabras se atascaron en su garganta cuando se percató del oso de peluche que sostenía entre sus manos. Era un oso grande y de un suave color crema, con una pequeña camiseta que llevaba bordada la palabra "Perdón" en hilo azul.
Era un bonito detalle, debía de recono