Los días siguieron su curso con aparente calma. Regina había decidido sumergirse en el trabajo para no pensar tanto en la constante ausencia de su marido, quien se pasaba los días entre visitas al hospital y dedicación a su moribunda amiga.
Pero los días terminaron convirtiéndose en semanas.
De repente, una mañana, el cuerpo le dio una señal inconfundible. Apenas había puesto un pie fuera de la cama cuando una oleada de náuseas la invadió.
«¿Qué es esto?», se preguntó, y la única explicación q