Y como si su solicitud para que la besara hubiera sido escuchada, lo inevitable ocurrió.
Nicolás acortó la última distancia que los separaba, y sus labios se encontraron finalmente.
En ese instante, la mente de Regina se apagó por completo. No había pasado, ni dolor, ni traición. Nada. Era como si el tiempo hubiera retrocedido, llevándola de vuelta a ese parque donde lo conoció por primera vez, donde se ilusionó con la idea de un amor inocente.
Se sintió de nuevo enamorada, embriagada, extasi