Cuando los ojos de Regina se posaron nuevamente en los de Ismael, la determinación en su semblante era innegable.
Sí, aceptaría su propuesta y lo que sea que tuviera para ofrecerle.
Luego de hacer un trato con el diablo, sentía que este acuerdo con Ismael era justo y necesario.
Su alma necesitaba un poco de la calidez del hombre frente a ella.
—Sí —dijo—. Yo también quiero que seamos más que amigos.
Ismael sonrió instantáneamente. Fue una sonrisa ancha y resplandeciente.
Un silencio cómodo llen