Regina pisó el acelerador, las ruedas del auto chillando en el asfalto mientras salía del estacionamiento por fin. Cada metro que la alejaba de Nicolás la hacía más consciente de lo que había hecho. Un trato con el diablo, eso era.
La amargura le subió por la garganta, quemándole la lengua. Quería gritar, quería golpear el volante, quería llorar hasta que no le quedaran lágrimas. Y en medio de todas esas emociones turbulentas, un nombre resonó en su mente: Ismael.
Ismael era su amigo. El único q