Siendo sincera, a Regina le daba igual lo que pasara con esa mujer. Su presencia o su ausencia, le daba lo mismo. No le importaba o al menos eso era lo que quería creer, porque su corazón no estaba tan convencido; pero odiaba el hecho de sentirse como una tonta traicionada, así que lo más fácil era aparentar que no le afectaba en lo absoluto.
—¿En serio piensas que estás en condiciones de negociar? —decidió contraatacar con autoridad.
—¿En serio piensas que estás en condiciones de sacar a la