Me voy a la parte trasera de la cabaña donde hay una terraza de madera, me retranco sobre el barandal y hundo la cabeza entre mis brazos.
—Un día pesado—escucho la voz de Bern detrás de mí.
Me enderezo—un poco, ya sabes, las hormonas—me quejo y le muestro mi vientre.
—¿Ya sabes qué es? —me dice.
—Son gemelas, nos hemos enterado esta mañana—veo al frente para no verlo a los ojos.
—Felicidades, seguro serán unas hermosas gemes—de reojo puedo ver como sonríe.
«Si supieras que son tuyas, estoy segu