Sábado 22 de julio del año en curso
Es temprano, los rayos del sol que entran por la ventana me despiertan de golpe, me enderezo con precaución y veo entrando a Bern con una charola.
—Arriba dormilonas, es hora de desayunar—acomoda la charola sobre la cama en donde ha acomodado perfectamente bien nuestro desayuno, además le ha añadido unas flores que se ven preciosas.
—Gracias, no tenías que molestarte—comienzo a desayunar.
—No es molestia, es un placer estar con ustedes.
«Quisiera saber que lo