El llanto del gorrión: Novena parte.
Loreta se movía por la casa con una energía incesante, como una especie de torbellino organizado. Su voz, siempre llena de entusiasmo, resonaba en cada rincón, entremezclándose con el sonido de sus pasos apresurados sobre el suelo de madera. —Lucía, creo que sería bueno que regresaras al pueblo. Al menos estarías con tu familia. Como la pareja destinada de Áster, deberías intentar llevarte bien con él por el bien del niño. Es tu deber— dijo, con una mezcla de preocupación y determinación en su