El llanto del gorrión: Décima parte.
Para el pequeño Lou, aquel hogar se había convertido en un escenario frio y lleno desesperanza. Ver a su hermana apagarse un poco más cada día era una carga pesada que él llevaba con una madurez. Los recuerdos de los días llenos de risas y cariño eran como ecos lejanos, casi irreales comparados con la realidad que ahora enfrentaban. Era como si el tiempo se hubiera detenido en un invierno interminable, donde la alegría y la vitalidad se habían marchitado junto con las hojas de los árboles.
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