Capítulo 108 Después de la muerte de Gaspar
La puerta de la habitación se abrió lentamente.
Lissandro salió.
El pasillo del hospital estaba en silencio. De esos silencios que parecen quedarse pegados a las paredes cuando la vida acaba de abandonar una habitación.
Las luces blancas del techo iluminaban su figura con una frialdad casi cruel.
Tenía la espalda rígida. Los ojos rojos. El rostro endurecido como si todavía estuviera luchando por no derrumbarse allí mismo.
Había sostenido la mano