CAPÍTULO 207 Las pruebas que ya estaban
La abogada Milagros Saavedra llevaba más de dos horas dentro del hospital.
No había sido nada sencillo.
De hecho, había tenido que utilizar cada contacto profesional que tenía. Hasta el abuelo Castell había llamado al director para pedir colaboración, y su hermana Martina Saavedra había prometido dar una charla de cardiología en el hospital cuando regresara de Madrid.
Cada favor pendiente.
Cada credencial usada.
Nunca ofreció dinero. Solo favor por favor.