.
CAPÍTULO 85 La verdad de Ignacio
La cafetería frente a la comisaría estaba casi vacía.
El aroma a café recién hecho y a medialunas calientes llenaba el lugar, pero en esa mesa… nada de eso importaba.
Lissandro Monteiro se sentó primero.
Frente a él, Eduardo Fernández y Beatriz tomaron asiento.
—Un té de tilo, por favor —pidió Lissandro sin apartar la mirada de Beatriz.
Ella estaba pálida.
Las manos le temblaban.
Se secaba las lágrimas una y otra vez, como si no lograra detenerlas.
N