Capítulo 84 El Derrumbe de las Mentiras
Natalia entró esposada, con las manos hacia adelante, escoltada por una oficial. Sentado del otro lado de la mesa estaba Lissandro Monteiro. Impecable. Tranquilo. Con una serenidad que resultaba insultante en aquel lugar.
Natalia frunció los labios.
—Vaya… —dijo sentándose frente a él—. No sabía que ahora los empresarios visitaban celdas.
Lissandro la observó con frialdad.
—No vine a visitarte por cortesía.
Ella soltó una risa corta y carente de humo