CAPÍTULO 215 Lo que nadie podía prometer
Cuando Lissandro y Ofelia entraron al apartamento, lo primero que escucharon fue una carcajada divina que les llenó el alma.
Eran esas risas limpias que parecían capaces de llenar cada rincón de una casa.
Por un instante ambos se quedaron quietos junto a la puerta.
Necesitando recuperar el aire antes de volver a entrar en su propia vida.
En el living, Diana estaba sentada sobre una alfombra rodeada de muñecas, retazos de tela, cintas de colores