CAPÍTULO 231 La invitación
Franco no recordó cómo llegó a su auto.
Solo supo que cuando cerró la puerta del apartamento de Lissandro y Ofelia, algo dentro de él ya no era igual.
Renata caminó a su lado, mirándolo reír. No le habló en ningún momento. No quería sacarlo de aquella burbuja de felicidad.
No porque no tuviera nada para decir.
Sino porque entendía que había momentos en los que las palabras podían arruinar algo hermoso.
Y aquel era uno de esos momentos.
Franco apoyó ambas manos s