26

Veinte minutos después, Samantha llegó a la casa de la madre de Isabella.

Las dos mejores amigas se abrazaron de inmediato, y Samantha rompió a llorar entre los brazos de Isabella.

Isabella no tenía idea de lo que había pasado; solo sabía que Samantha lloraba sin parar, sin importar cuántas veces le preguntara. Con cuidado, Isabella la guió hasta la habitación, intentando calmarla.

—Siéntate y dime… ¿quién te hizo llorar así? —preguntó Isabella, sujetándole los hombros con firmeza.

—Reinhart, B
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