Maximilian abrió la puerta del dormitorio y la cerró tras de sí.
Dentro, Isabella estaba sentada en una silla junto a la cama, leyendo un libro en silencio. Él se acercó y se sentó a su lado, observándola por un momento.
—¿Por qué me miras así? —preguntó Isabella, levantando la vista del libro.
—¿De verdad no reconociste a Miguel hace un rato? —preguntó él.
—No —respondió ella, negando con la cabeza.
—Pero lo has visto antes, ¿cierto?
—Sí, un par de veces. Pero siempre fue por casualidad —dijo