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Maximilian siguió los pasos de su esposa hacia la mesa del comedor. Justo cuando estaba a punto de sentarse, se escuchó un golpe en la puerta principal. Isabella se levantó para abrir, pero Maximilian la detuvo.

—Yo iré. Debe de ser Miguel —dijo él.

Isabella asintió.

Maximilian se levantó de su asiento y fue a abrir la puerta. Tal como había supuesto, el visitante de aquella mañana no era otro que Miguel. Al verlo completamente empapado, Maximilian no pudo evitar mirarlo con sorpresa.

—Max —lo
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