92. Presencia poderosa
La traición dolía como una herida abierta.
Diana siempre había sido dura, controladora, obsesionada con alejarla de la mafia. Y ahora resultaba que ella misma había usado esa misma mafia para sus propios fines, unos crueles y perversos, alejarla de su hijo.
—¿Dónde está tu marido que siempre es tan jodidamente rígido con todas sus reglas de mierda? ¿Sabe que eres una criminal? ¿Qué mandaste a que secuestraran a tu nieto? ¿O acaso él mismo te ayudó?
—No lo entiendo...
—¡No me mientas más! ¡¿Cóm