91. Aunque tenga que ir yo mismo a buscarla
Zinoviy subió las escaleras del sótano con Andrei siguiendo sus pasos en silencio, al igual que Ruslan.
La sangre salpicada en sus guantes negros aún estaba tibia pero sus pensamientos estaban lejos de aquel líquido viscoso.
—Cuando despierten —dijo Zinoviy sin girarse, voz baja y letal—. Vuélvelos a torturar, Ruslan. No los mates todavía, quiero que sientan cada segundo que mi hijo sintió miedo.
—Entendido, Pakhan.
Andrei se colocó a su lado con los brazos cruzados.
—¿De verdad piensas present