89. No voy a soltar tu mano
Valerik ni siquiera espero a que Dimitry se estacionara bien cuando salió del auto corriendo hacia el interior de la clínica, no preguntó.
Entró violentamente haciendo que las personas dieran un paso atrás al verlo.
Mojado, respirando agitadamente con los ojos dilatados, su mandíbula estaba apretada y las manos le temblaban.
—¿Señor, necesita ayu...?
Valerik lo interrumpió con un grito brutal.
—¡¿En qué habitación está mi mujer?!
El eco retumbó en el pasillo pulcro.
Todos los que no lo habían vi