38. Despierta, principessa
Todo a su alrededor había desaparecido, era un murmullo lejano que ignoraba. Lo único que era importante para él era el peso tibio del cuerpo de Polina contra su pecho. No podía apartar la mirada de ella, de su palidez casi fantasmal, una y otra vez comprobaba frenéticamente el pulso en su muñeca delicada.
Su propio dolor fue ignorado, tenerla en los brazos no era suficiente porque ella aún permaneció inconsciente. La camisa de él estaba empapada de sangre de otros, de ella misma, quizás tambié