18. Más de lo que nunca entenderás
—No estoy forzándome a nada, Gi. Yo también te amo —susurró casi sin voz—. ¿Recuerdas que siempre Dimitry y yo siempre aparecíamos en los mismos lugares que Tarah y tú? Eso no era casualidad, nada nunca lo fue. Siempre que te ibas de viaje a Italia era una tortura para mí porque yo no podía simplemente sacarte de mi cabeza, la necesidad de verte, de hablarte era angustiante, pero no teníamos nada en común más que Tarah y no me atrevía a hablarte, a decirte lo que realmente sentía.
Temblaba como