18. Es un desvergonzado
Satarah estaba mirando por la ventana cuando la puerta de su habitación se abrió.
No tenía que girarse a ver de quién se trataba porque sabía que era Dimitry. Su presencia era intimidante y abarcaba todo el lugar. Tuvo que poner todo de ella para no mirarlo. Sin embargo, al escuchar el susurro de su ropa cayendo al suelo no pudo evitar tensarse.
El recuerdo de aquella noche donde la drogaron llegó a su cabeza, sus ojos celestes sobre ella habían sido suficientes para ponerla cada vez más calien