Punto de vista de Sofia
El canto de los pájaros se filtraba por la ventana abierta, mezclándose con los rayos dorados de sol que atravesaban las cortinas. Me estiré, con el cuerpo pesado por el agotamiento emocional de la noche anterior.
Después de una ducha rápida, me vestí con mi ropa de trabajo: una blusa entallada y unos pantalones elegantes. Sentada al borde de la cama, recogí mi cabello en un moño despeinado, preparándome para enfrentar el día.
El suave crujido de la puerta al abrirse llamó mi atención. Levanté la mirada de golpe y parpadeé sorprendida cuando Adrián entró.
Llevaba un delantal sobre una simple camiseta negra y jeans, cargando una bandeja llena de desayuno. La imagen era tan absurda que casi me reí.
—Buenos días, esposa —me saludó con una sonrisa demasiado encantadora para esta hora temprana.
Levanté una ceja. —¿Qué estás haciendo?
—Te preparé el desayuno —anunció, colocando la bandeja en la mesita de noche.
Me quedé mirando la comida perfectamente dispuesta: tosta