Punto de vista de Sofía
El ambiente en el coche estaba cargado de una tensión no expresada, como si el aire mismo entre nosotros tuviera peso. Los dedos de Adrián agarraban el volante con una confianza casual mientras avanzábamos por la carretera, con el suave zumbido del motor llenando el silencio. Mantuve la mirada fija en el paisaje que pasaba rápidamente, decidida a no dejar que su presencia me alterara, pero eso era más fácil decirlo que hacerlo.
La repentina calidez de su mano posándose en mi muslo destrozó mi determinación. El contacto era descarado, casual, como si perteneciera allí — como si tuviera todo el derecho.
Una sacudida me recorrió, no solo de sorpresa sino de algo más peligroso, algo que no quería nombrar. Mi instinto reaccionó y aparté su mano inmediatamente.
—Adrián —le advertí, con voz baja pero firme, apenas ocultando mi irritación.
Me miró con una sonrisa burlona que resultaba tanto irritante como desarmante, sus ojos brillando con picardía.
—Relájate, Sofía —di