Punto de vista de Adrián
Me desperté a la mañana siguiente con el suave peso de mi esposa acurrucada entre mis brazos. Una sonrisa de satisfacción, que no pude reprimir del todo, se dibujó en mis labios mientras contemplaba a Sofía. Seguía dormida, con sus facciones relajadas y serenas, sin la tensión que normalmente marcaba su rostro cuando estaba despierta. Se veía... vulnerable. En paz. Mis dedos, casi con vida propia, recorrieron suavemente los delicados contornos de su piel tersa, desde la curva de su mejilla hasta la suave pendiente de su cuello. Me maravillé ante la exquisita escultura de su rostro, la delicada curva de sus pestañas, el suave volumen de sus labios.
Se había vuelto dolorosamente obvio que Sofía, impulsada por su desesperación por salvar su empresa, aceptaría casi cualquier cosa. Anoche, finalmente había accedido a mis exigencias, y las palabras "Estoy lista para ser tu puta" resonaban en mi mente, un testimonio de su desesperación y, si era honesto conmigo mismo,