Punto de vista de Adrián
Llegué a nuestro restaurante favorito, un establecimiento discretamente elegante ubicado en un rincón tranquilo de la ciudad. Recorrí la sala con la mirada, buscando a Valentina. Estaba sentada junto a la ventana, de espaldas a mí, absorta en su teléfono. Incluso desde la distancia, podía ver el amarillo vibrante de su corto vestido floral, un destello de sol contra los tonos apagados de la decoración del restaurante. Se veía radiante, con su cabello rubio cayendo sobre sus hombros, su postura relajada y segura.
—Hola, nena —la saludé, inclinándome para besarla en la mejilla. Su piel estaba cálida y suave contra mis labios.
—Hola —respondió, con una sonrisa un poco... forzada. Había un atisbo de tristeza en sus ojos, una sombra que no estaba allí antes.
Me senté a su lado, tomando sus manos entre las mías. Sus dedos estaban fríos, con un ligero temblor recorriéndolos.
—¿Qué pasa, amor? —pregunté con voz suave—. Te noto preocupada.
—No es nada, Adrián Vásquez —