Punto de vista de Sofía
Con manos temblorosas, desabotoné lentamente mi vestido, la delicada tela susurrando contra mi piel. El peso de la prenda se sentía como una manifestación física de la carga que llevaba. Dejé que el vestido se deslizara por mis hombros, cayendo al suelo en un suave montón. Debajo de la tela, quedé solo en ropa interior, sintiéndome expuesta y vulnerable bajo la intensa mirada de Adrián.
Sus ojos recorrieron mi cuerpo, deteniéndose en cada curva, cada imperfección. Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios al notar los chupetones ya difuminados en mi cuello y pechos, las marcas de su brutalidad anterior. Tan visibles, tan vergonzosos… Se me revolvió el estómago.
—Acuéstate a mi lado ahora —dijo, con voz baja y autoritaria, sus ojos aún fijos en mí, sin vacilar.
Dudé por un momento, mi mente acelerada.
¿Era esto?
¿Era este el comienzo de mi descenso a su infierno personal?
Con un suspiro de resignación, obedecí, moviéndome hacia el borde de la cama. El colchón s