No tenía miedo a lo que él pudiera decir, pero ya estaba cansada de todo esto. Nunca se rendiría, sabía perfectamente que él no era esa clase de persona, ni siquiera con una advertencia. Esa fue la razón por la que decidió tener un arma en primer lugar, no es porque le gustara jugar a la mafiosa, sino porque creía que se sentiría protegida de él.
—¿Hasta cuándo piensas torturarme, Zyan? —la mujer aprieta sus labios al mismo tiempo que el teléfono en su mano, cuando no hay nadie en la sala
—No t