Pov Samara
No me quedó otra opción que aceptar. Él terminó eligiendo cada vestido y zapatos que me gustaron y los llevó a la caja, sin dejar que me quejara por ello. Entrar a la joyería fue otra discusión, pero como siempre, terminó ganando.
—En cuanto tenga dinero te lo devolveré —le digo cuando subimos a la camioneta otra vez
—Los regalos no se pagan. ¿Qué tal estuvo el postre?
—Lo digo en serio, Lucca —él sonríe y pone los ojos en blanco
—También yo. ¿Tienes ganas de ir a la playa?
—Si —susp