Como la vida tenía que seguir adelante, Renato se tomó la tarde para reunirse con algunos empleados y resolver asuntos pendientes de la empresa. Fueron horas de números, informes y decisiones que exigían atención, pero aun así su mente insistía en escaparse en algunos momentos.
Cuando la reunión terminó, uno de los accionistas lo invitó a tomar algo.
—Vamos a despejar la cabeza —dijo, en un tono casual. —Andas demasiado tenso.
Sin pensarlo dos veces, aceptó, ya que no quería volver temprano a c