Al entrar en la cocina, Sara encontró a Odete organizando algunas cosas en el armario. En cuanto la vio, la mujer interrumpió lo que hacía y le dedicó una sonrisa sincera, de esas raras en esa casa.
—Qué bueno verte de nuevo, Sara.
—Lo mismo digo, Odete —respondió, aliviada. Sabía que era la única persona allí que la trataba con gentileza.
Odete la observó por un instante, demasiado atenta como para no notar el abatimiento.
—¿Cómo fueron las cosas mientras estuviste fuera? —preguntó.
—Horribles